lunes, 30 de abril de 2012

EL PRIMER DIA DE MI VIDA


Cuestionando la vida me desperté hoy, buscando una razón por la cual echar a andar. Pensé en tantas cosas negativas; como cuanto tiempo me tomaría arrancar el día, en la pereza que me daba el solo pensar que tendría que tomar una ducha y luego preparar el desayuno que siempre trato de evitar aunque mi estomago estuviera pidiéndome comida a gritos.
Mientras hacia lo que mi deber me mandaba, seguía pensando en que todavía no encontraba una buena razón para empezar con una sonrisa. Tenia una cierta apatía por la vida que llevo; sin muchas emociones, inventando mis propios problemas.
Por fin había salido de casa, rumbo a la realidad. Debía empezar a ver gente, saludar, ignorar las reglas de transito para llegar temprano y no tener que dar explicaciones, uff!! Ya no tenía ninguna excusa valida y no se me ocurría nada.
Casi llegando, me cruce con un ciego; cosa que no note, casi lo
arrollo y con toda la rabia de no poder cambiar mi vida, guardada, lista para estallar en cualquier momento, frene con la intención de reprocharle cuantas cosas se me ocurran, pero al darme cuenta de su estado; sentí pena y sin ninguna lógica salieron palabras de mi que no me explico hasta ahora el porque si yo no las había pensado.
   - Disculpe, suba señor, si me lo permite lo llevo a donde quiera.
Muy sorprendida por lo que acababa de decir.
   - Y donde vamos -contesto sereno-.
   - A donde usted diga, ya me enseñará el camino.
Mas confundida que nunca por mi forma de responder, solo hablaba, escuchaba mis palabras, sin tener ningún control sobre ellas.
   - ya, entiendo.
Asintiendo con la cabeza como aceptando una orden, subió en el lugar del acompañante y con una tímida sonrisa susurro algo que sonó como, es ella.
No se que estaba pasando; era como si estuviere en un trance, de pronto todo de lo que me preocupaba al despertar dejo de importar. De hecho lo que había pasado de mi historia parecía pertenecer a otra persona.
De un instante a otro estaba conduciendo sin rumbo, con un ciego desconocido a mi lado por el cual había dejado mis deberes, mi vida de lado y por increíble que parezca me sentía bien haciéndolo, esperando tal vez ayudarlo de alguna manera o tal vez estaba intentando ayudarme a mi de una forma poco común. Como lo ayudo -me pregunte-, si el sabe cuidarse solo incluso mucho mas que yo, quizás sabe mucho mas del mundo real que yo.
- Vamos al sur, salgamos de la ciudad; dijo rompiendo el silencio que por un buen rato se mantuvo.
Sin hacer ningún gesto ni emitir siquiera un sonido obedecí; pareciera lograr hipnotizarme con su voz tan calma llena paz. Me repetía una y otra vez que hacia ahí; creí volverme loca o podía ser que algún ente se estuviera apoderando de mí, no hilaba mis pensamientos, estaba desorientada pero tan tranquila a la vez, era como si la presencia de ese hombre del cual no sabía su nombre me inspiraba confianza.
-    Es aquí! -Exclamo de una forma rara-.
Parecía haberse distraído y vuelto en si justo en el momento adecuado.
Pare a un lado del camino; espere recibir nuevas indicaciones, aparentemente indiferente pero con la curiosidad a flor de piel, deseando saber que vendría después.
   - Que ves? –pregunto el-.
   - Dos masas de tierra, cubiertas por hierba divididas por un camino que aparentemente no termina. -Y si, eso era lo que yo veía-.
Una sonrisa burlona afloro en sus labios.
   -que mas?
-    También veo el cielo, un poco nublado por cierto.
-    Cierra los ojos. –Ordeno-.
Estaba atrapada por sus palabras y no me quedaba más que obedecer; ya había entrado al juego, -pensé-.
-    Y ahora que?
Pregunte con un tono tosco por no lograr descifrar lo que el hombre pretendía.
-    Bajaremos del vehiculo, tu primero.
-    Como bajo si tengo los ojos cerrados?
Empecé a creer que fue un error terrible haberlo invitado y ya buscaba la forma de escapar, pero me daba pena dejar a un invidente solo, en el medio de la nada. Que podía hacerme, no veía.

No necesitas tus ojos para bajar. -Secamente pronunciado-.

-    Esta bien.
-    Ahora presta atención y dime que escuchas y que sientes.
-    Escucho un vehiculo acercándose.
-    Grande o pequeño?
-    Como quiere que lo sepa.
Tratando de darle a entender que ya me fastidiaba con intentar que yo adivine cosas.
-    Concéntrate y dime, tú puedes saber lo que necesitas si pones tu energía en eso.
Hizo caso omiso a mis intenciones de hacerlo callar. Me di cuenta que trataba de mostrarme algo, pero todavía no era lo suficientemente despierta para entender que era.
-    Bastante grande como para trasportar grandes cantidades de algo.
Mentí; no sabia de que tamaño era; estaba muy lejos y apenas podía oírlo, y en esa situación realmente no me importaba. El lo noto enseguida pero siguió hablando.
-    Y que más has notado niña, recuerda, pon toda tu energía y descubrirás muchas mas cosas de las que puedes ver.
Me quede callada; solo oía sonidos que no tenían relevancia según mi criterio. Pero de un instante a otro; como por arte de magia; de pronto algo cambio dentro mío, empecé a escuchar y diferenciar los sonidos que se convertían en dulces melodías que me ofrecían los pájaros a lo lejos, las hojas meciéndose al compás del viento; al que también podía sentir resbalar por mi rostro, dándome una caricia que ya era mía y la estaba guardando para dármela en ese momento para erizarme la piel.
Me estaba dejando llevar por las palabras del hombre, creí entender cual era el punto; aprender a escuchar.
-    Le cuento lo que estoy escuchando?
-    No, solo guárdalo para ti niña, guárdalo y recuérdalo siempre.
-    Esta bien.
Contenta por que ya entendí lo que el ciego me estaba mostrando.
-    Vamos, todavía tengo cosas que hablar contigo, llévanos a la ciudad, tomemos un café y ahí te lo explico.
Acepte y en el camino no tenia confusión alguna, tampoco nada estaba claro. No pensaba en nada, simplemente miraba fijamente el asfalto. Unos 20 minutos después de tanta calme llegamos a un lugar donde servían café, no de los mejores pero café en fin.
-    Llegamos, bajemos y cuénteme lo que tenga que contarme.
Haciéndole saber con mi tono que estaba deseosa de escuchar el resto y saber a donde el quería llegar. Estaba muy intrigada por lo que tenía que decir; segura de que ya sabia que era, aunque algo en mi interior me  retaba a seguir con el que hasta entonces yo creía un juego.
-    paciencia niña, que tenemos toda la vida.
Toda la vida? A que se refería? Acaso me tendría mucho mas tiempo sin decirme nada, o solo fue un comentario distraído. No, so seria un comentario distraído, este hombre no me ha dicho nada que no tenga significado, además, porque hablar de la vida como si fuese eterna; creo bastante absurda esa frase. Nadie sabe cuando va a morir, y si ahora mismo me diera un paro cardiaco y me fuera sin saber el resto de la historia?
No se a que se refería y preferí dejarlo así, me imaginaba que el hombre tenia todavía mucho por agregar, porque agobiarlo con preguntas estupidas.
Cuando nos sentamos el volteo hacia el mesero haciéndole una seña, pareciera que lo estaba mirando.
-    traiga dos cafés por favor.
-    Como supo donde estaba el mozo? –sorprendida-.
-    Es muy fácil, lo escuche responder a una orden después de que nos sentáramos.
-    Pero no es el único que hablaba en ese momento, como supo que era el.
-    Ya te lo dije niña, todo esta en saber enfocar tu energía. Puedo saber eso y muchas otras cosas, como que aquel hombre de allá, el que tiene zapatos elegantes esta muy cansado y seguramente pedirá algo que lo refresque como una gaseosa bien fría, porque es horario de trabajo y de seguro no se le permite ingerir alcohol en ese tiempo.
Efectivamente, el hombre se veía cansado y para más sorpresa había ordenado una soda bien fría.
-    como lo supo. –insistí-.
-    Por el ruido que hacen sus zapatos al caminar, por el ritmo de sus pasos y por su respiración agitada.
-    No entiendo como lo hace, yo ni siquiera me di cuenta de que ahí había alguien.
Si no fuera por el ciego ese hombre no existiría para mí.
-    Ya aprenderás, te lo aseguro. -Muy confiado-.
Espere que siguiera hablando del motivo de tanto misterio, pero el estaba callado sin ninguna expresión en particular en el rostro. Mientras bebíamos el café todo seguía igual, era como si de pronto yo no estuviese ahí para el.
Unos minutos mas tarde saco algo del bolsillo de su pantalón y me lo entrego; era una imagen de Santa Lucia. La reconocí enseguida; cuando era niña mi abuela me decía que ella protegía a los invidentes y a todas las personas que no podían ver, yo le contestaba que ser invidente y no ver son la misma cosa. Ella solo sonreía, hasta que un día me explico que no solo los ciegos no ven, sino que hay personas que aunque tengan la mejor vista se niegan a ver lo que Dios les ofrece.
Aquella aclaración me sirvió durante toda mi vida, muchas veces la olvidaba pero en los peores momentos ella siempre me lo repetía: - hija, no seas ciega, hay mucho mas allá de lo que tu ves.
Como lo pude olvidar, será que ya hacia mucho tiempo que no visitaba a la abuela o simplemente ya no le daba importancia a lo que de niña aprendí.
-    Toma, te la regalo. Estuvo conmigo en los peores momentos y ahora es tuya, cuídala.
-    La cuidare, no se preocupe. Pero dígame, de que momentos habla.
Pensé que no contestaría, pero yo ya no podía seguir esperando; las ganas de saber lo que guardaba en sus palabras me tenían totalmente intrigada.
Por fin se decidió a aclarar mis dudas y empezó diciendo:
-    Tuve una infancia feliz, hice lo que todo niño podía hacer. Me despertaba temprano para ver el amanecer desde una pequeña ventana que daba al sur, desde ella se podía ver toda la ciudad porque la casa donde vivía estaba ubicada en las afueras de la ciudad, en un lugar muy alto. Luego de saludar al sol, tenia la manía de despertar a mis padres con un beso en sus mejillas. Papa solía quejarse de que era muy temprano, yo nunca hice caso a sus reclamos.
Durante la mañana ayudaba a mama en lo que necesitara; era muy pequeño pero ella siempre encontraba en que yo podía servir. En las tardes papa llegaba del trabajo y me llevaba a pasear, dependían de la temporada los planes. Hacer volar pandorgas, jugar fútbol, ir de pesca y cosas así, si llovía nos quedábamos en casa viendo televisión o dibujando; cosa que me encantaba hacer.
Yo solo escuchaba.
-    Un día, cerca de navidad, estábamos explotando bombas con papa. De repente una de ellas exploto en mis manos; cerca de la cara; por un momento no sentí nada mas que susto, pero luego me di cuenta de lo que había pasado. Mis manos y mi rostro estaban húmedos, yo no podía ver nada y olía una mezcla de pólvora con algo que no podía reconocer. Después de un rato no sentí nada de nuevo.
Al amanecer desperté. Estaba asustado porque no podía abrir los ojos y pregunte porque; estaba seguro de que debía haber alguna explicación lógica y que todo estaría bien enseguida, después de todo, exploto una bomba en mis manos y cera del rostro; me dolían mucho.
Cuando levante las manos para sentir mi rostro alguien me dijo, -están vendados. Era mi mama llorando, lo note por su voz. Empecé a sentir miedo otra vez, mama estaba llorando; eso no era una buena señal.
El medico vino esa mañana a ver mi estado y converso conmigo.
-    Como te sientes?
-    Asustado y con mucho dolor.
-    Aquí estoy yo para hacer que el dolor físico desaparezca, pero el miedo lo debes superar tu solo. No hay nada que no puedas superar si te lo propones hijo, descansa, y trata de tranquilizarte. Vengo mas tarde, mientras la enfermera te pondrá un calmante.
Cuando el salio, escuche que mama hablaba con alguien mientras me                                                    acariciaba la frente. Luego de unos minutos me quede dormido.
Así pasaron los días y luego de dos semanas por fin llego el día de deshacerme de esas vendas. El doctor estuvo temprano y luego de saludar ordeno que todos salgan, mama se resistió y el la dejo quedarse, pero aclaro que debía permanecer alejada.
- te las voy a sacar, cuéntame que ves.
Mientras me las sacaba pedí que mama estuviera a mi lado, era a la primera persona que quería ver, ya extrañaba mucho mirarla.
De repente sentí como se abrían mis ojos, pero para mi gran sorpresa seguía viendo oscuridad.
-    doctor no veo nada!
El solo se quedo callado. En un segundo se desato un llanto, era mama, reclamar que alguien le explique lo que estaba pasando. Yo estaba tan asustado que apenas podía respirar.
Y ahí estaba, un niño de diez años, ciego. El medico dijo que tal vez  habría alguna solución; estaba tratando de sostener la situación. No podía, era tan desesperante que nada era capaz de calmar los ánimos. Yo sabía que eso era definitivo, lo sentía.
Luego de muchos tratamientos e intentos fallidos para que volviera a ver nos dimos por vencidos y empezamos a aceptarlo. Era obligatorio, no quedaba que otra más que aprender a vivir con eso.
Al principio todo era muy difícil; no estaba acostumbrado a vivir sin lo que hasta entonces no sabia que era tan importante, mi vista. Los días de fútbol y de pandorgas quedaron atrás, estaba muy ocupado en memorizar la casa para no chocar con nada, en entender eso del braille, era una experiencia tan absorbente que empecé a madurar mas rápido de lo que debería a mi edad.
Llego un momento en que la depresión me consumía; estaba ciego!!! No es algo que les pase a todos, porque tenía que pasarme a mí?
Me entristecía tanto su historia que pensé por un momento en pedirle que pare, no quería llorar y mis lágrimas ya se estaban asomando. Seguí callada a pesar de eso, después de todo, era su historia y tal vez le haría bien descargarse un poco. El seguía sin alguna pausa.
-    Ya había aprendido todo lo que era necesario; como vivir estando ciego. Pero tantas cosas ni sospechaba que existían y la verdad no me importaban, la autocompasión se me metió hasta los huesos y no respondía de mí cuando alguien trataba de hacerme ‘ver’ las cosas por el lado bueno.
Entenderé si te confunde lo que estoy diciendo, ya sabia vivir como invidente, que mas necesitaba saber, tu lo sabes? – pregunto-.
-    No. –conteste- como saberlo, nunca estuve ciega.
-    Eran las cosas buenas de la vida; no las mismas que cuando veía, no los colores ni las pandorgas, eran muchas otras cosas.
-    Cuales? – pregunte desconcertada, para mi su vida estaba destinada a depender de los demás, eso no era vida, era muy frustrante.
-    Sigo con mi historia, al final de ella lo entenderás todo.
-    Escucho.
-    Paso el tiempo y yo me volví una persona antisocial, no salía, comía, hablaba ni mucho menos reía o cantaba. Todo estaba mal en mi vida.
Un día, llego un extraño y pregunto por mí. Que quería? Un ciego no le serviría de nada y yo no quería hablar con nadie así que le pedí a mama que lo despachara, estaba muy ocupado planeando como hacer para desaparecer del mundo y así solucionar de una vez todos mis problemas.
El hombre insistió tanto en verme que mama lo trajo hasta donde estaba. Me dio tanta rabia que les dije muchas barbaridades a ellos y decidí salir de ahí, pero cuando me levante no me percate de la silla que mama había colocado para que ese hombre se sentara y tropecé con ella, caí al piso y eso me puso más nervioso todavía.
El me tomo del brazo y me dijo que solo quería conversar conmigo, le respondí alterado que no me gustaba la compasión de nadie y que por favor me dejara en paz. No sabía que quería aquel hombre y no tenía el mínimo interés de saberlo.
Salí al patio y el me siguió, mientras yo solo trataba de huir de el.

   -     que es lo que quiere.-le pregunte-.

-    Vengo a hacerte una propuesta.
-    Yo no estoy para propuesta alguna señor, puede marcharse, busque a alguien que si lo quiera escuchar.
-    No, yo quiero hacértela a ti, hagamos un trato, si en diez minutos no logro que te intereses en lo que tengo que decir me iré y no volverás a saber de mi.
-    Esta bien, diez minutos, ni un segundo más.
-    Vine para saber si crees en Dios.
-    Dios? Jaja.. ese mismo que me dejo así? Ciego? Si. Creo en el y también creo que es una perdida de tiempo esta conversación.-estaba tan irritado y además ese hombre fue a hablarme de Dios, ese que me había dado todo y en un descuido me lo había sacado. No me importaba ese Dios-.
-    Escucha, mi propuesta es que lo aceptes como tuyo.
-    De que iglesia viene, de una reclutadora de indigentes?, no se da cuenta que no me va a convencer de nada?, váyase.
-    No vengo de ninguna iglesia, solo soy una persona como todas y no tengo religión alguna.
-    No tiene religión?, entonces por que me habla de Dios?.
-    Porque el me trajo hasta ti.
-    Ah… el es taxista también?-pregunte con tono de burla-
-    El es taxista, carnicero, heladero, ladrón, músico, político y todo lo que te puedas imaginar, el esta en todas las personas y todas las cosas. Sabes porque estas aquí?
-    No, y no quiero saberlo.
-    Te lo voy a decir,-continuaba como si yo estuviera escuchando lo que decía y a mi no me importaba nada de lo que salía de el- el te dio una misión grande, y tu tienes que cumplirla.
-    Una misión? Si apenas puedo valerme de mi mismo, no estoy para ninguna tarea y menos una que Dios me imponga.-estaba totalmente a la defensiva-.
-    Si, estas aquí para algo, yo no puedo decirte con exactitud que es, pero puedo ayudarte a encontrar ese algo.
-    Gracias, pero no estoy interesado.
-    Pues tendrá que interesarte, estas demasiado ciego y eso no es lo que el espera de ti.
-    Demasiado ciego?, esta loco? Estoy totalmente ciego y como si fuera poco viene usted a restregármelo en la cara?
-    Estas ciego físicamente, pero lo peor de todo es que también tu alma esta ciega. Dios te llama y tu no lo oyes, de hecho no oyes nada.
-    No, no quiero escucharlo a el ni a nadie y menos a usted.
-    Has escuchado al amanecer?
-    Al amanecer no se le escucha, mas al viento y algunos pájaros cantando si, lastimosamente antes podía verlo, pero ahora no tiene sentido para mi, nada tiene sentido, ni el amanecer, ni el anochecer, nada.
-    No tiene sentido para ti porque cierras tu corazón.
-    Mas que mi corazón, están cerrados mis ojos y no fui yo quien los cerro, fue ese maldito accidente de hace cinco años.
-    Te has puesto a pensar a donde puedes llegar?
-    Si, y siempre llego a la conclusión de que no voy a ningún lado.
-    Te equivocas. Tu estas hecho de lo mismo que estamos hechos todos, incluyendo a las personas, a los perros, flores y hasta el agua. Dios nos creo a todos por alguna razón y no solo para estar por que si. El agua cumple muchas funciones, los vegetales también, los animales lo mismo. Por que nosotros entonces no tendríamos una función si somos los que tenemos la capacidad de pensar y decidir por nosotros mismos?
Y es esa misma capacidad la que muchas veces nos juega en contra, porque no la utilizamos con el buen fin; la malgastamos por ser egoístas y solo pensamos en sentirnos bien a cualquier precio.
   -  a cualquier precio?- estaba empezando a interesarme-.
   -  Si, a cualquier precio. O tu nunca le echaste la culpa a los demás      
por tus desgracias?.
-    Tal vez.
-    Por que culpar a otros de lo que nos pasa?, si nosotros somos dueños de nuestro destino, nadie vive tu vida mas que tu, nadie piensa igual que tu, has decidido vivir de la forma en que estas viviendo.
-    Yo no elegí ser ciego.
-    Esa es una prueba de Dios, y todavía tienes mucho tiempo para superarla. No esperes a que se te haga tarde. Si logras abrir tu alma te sorprenderás de todo lo lindo que te has perdido a lo largo de estos cinco años.
-    La belleza ya no la puedo ver.
-    Pero puedes sentirla, solo basta que te lo propongas y confíes.
-    Confíe en que?
-    En Dios. El esta siempre a tu lado y no te abandona aunque tu no lo quieras.
-    Yo no lo siento así.
-    Dime, una cosa que te gusta desde que perdiste la vista.
-    Dormir.
-    Y que sientes mientras duermes.
-    Nada, solo duermo.
-    Y algo que no te gusta.
-    Todo.
-    Todo?, el amor de tu madre, el desayuno, el abrigo que traes puesto, tu hogar, nada de eso te gusta?
-    Esas cosas si me gustan, pero son cosas que ya las tenía antes de estar así.
-    Y las sigues teniendo. Por que?
-    Por que que?
-    Por que las tienes?
-    Porque las tengo que tener supongo.- no sabia que contestar-.
-    Nadie tiene nada porque aparecen así nomás.
-    Cierto, madre tengo porque a ella no le queda de otra, y las demás cosas por lo mismo.
-    Ella es tu madre porque quiso serlo, no te conocía; no sabía a quien traía al mundo y menos lo que iba a pasarte durante tu vida, ella solo te quiso. Ella sabia que iba a sufrir cuando nacieras, sabia que criarte no seria fácil, pero crees que eso le impidió amarte?
-    No, yo se que me ama.
-    Y porque estas seguro de eso.
-    Porque siempre esta cuidándome, aunque yo no este dispuesto a retribuirle nada.
-    Te das cuenta lo seguro que estas de eso?
-    Si.- estaba seguro y pensé en lo mal agradecido que fui con ella-.
-    Por que no estar seguro entonces del amor que te tiene Dios. El te creo, también a tu madre, padre, vecinos, tíos, a todos lo que puedas llegar a conocer. Si bien es cierto que el no de un chasquido hace que aparezcan las cosas; el lo creo todo y fue tan genio que también creo el tiempo, que es muy importante ya que através de el pasaron muchas cosas, todo evoluciono y hoy somos un ejemplo de eso.
-    Esta bien, si yo aceptara que el me ama, entonces por que me hizo esto, por que me quito la vista.
-    Para que tengas fe, cree en el y veras.
-    Me cuesta creer en algo que no veo y dada mi situación no creo en nada que no haya visto. Desde hace cinco años no confío en nada nuevo.
-    Si enfocas tu energía podrás ver con los oídos, con la nariz, con las manos, con la piel. Solo basta que lo desees y sentirás alegría de nuevo. El vive dentro tuyo desde hace mucho.
-    No diga cosas sin sentido por favor.- ya había perdido la noción del tiempo tratando de asimilar lo que aquel hombre decía-.
-    Notaste que el día esta soleado y que dentro de unas horas estará nublado y lloverá?
-    No, como saberlo.
-    Simple, siente al calor y el viento, huele la humedad, escucha a las ranas cantando; son indicadores muy importantes. Tú no lo sabes, pero yo también estoy ciego.
-    Ciego?!!- no lo sabía, estaba hablando con alguien igual a mí y yo lo depreciaba-.
-    Si, y agradezco a Dios todos los días por haberme permitido ser ciego, por ese hermoso regalo.
-    Como puede decir eso, no es bueno estar ciego.
-    Si yo no fuese ciego no sabría oír, no entendería la vida porque mi vista estaría interfiriendo con mi forma de ver. Muchas veces pensaba en que sabia todo lo que era necesario con solo mirar; no estaba dando ni el primer paso hacia el conocimiento. Mirar es muy distinto a observar; cuando miras identificas formas y tamaños, cuando observas vas mas lejos que eso; te detienes en cada detalle hasta entender y conocer. Ten muy en cuenta que tú puedes observar y eso es mucho mejor que solo mirar.
-    Creo que estoy entendiendo.- el tenia razón, yo podía saber muchas cosas si me concentraba, el problema era que no deseaba hacerlo-.
-    Por en practica tu fe, y ayuda a las demás personas a que lo hagan.
-    Como?
-    Muéstrales lo hermosa que puede ser la vida, tu tienes el don de hacerlo. Dios te ah elegido como instrumento y si aceptas serlo el te guiara. Te mostrara la forma de abrir los ojos del alma de las personas que teniendo todas las facultades pueden ser mas ciegas que nosotros, mas sordas que tu cuando yo llegue, mas tristes que tu madre cuando tu le gritas.
Muéstrales que la vida vale la pena vivirla y que todo tiene un motivo, pero que ese motivo solo lo sabe Dios y hazles saber que nada es imposible, porque tú lo entendiste y lo vivirás cada momento de tu vida a partir de hoy.
-    tienes razón, estoy así porque quiero estarlo, yo elijo estar bien o mal.
-    Dios nos da todo a partir del primer segundo de vida, e incluso antes. Por que no estar agradecidos y vivir con y por el si hace lo mismo por nosotros, incluso mas; el envió a su hijo a morir por nuestros pecados y liberarnos así de ellos.
-    Como no pude entender esto antes.
-    No lo entendías por que te escondías tras un escudo temiendo que te lastimen, pero no te dabas cuenta que eras tu quien se hacia el mayor daño; aceptaste la oscuridad como tu casa y eso solo era un apagón para que puedas conocer después la belleza y la grandeza del amor de nuestro padre. Eras egoísta y querías culpar a los demás por lo miserable que te sentías, cuando bien podías salir y aceptar que Dios te dio todo para ser feliz y gritarle eso al mundo. A partir de ahora tu vida empieza, aprovéchala y no escatimes en amor, da todo el amor que puedas porque ese es el secreto de la felicidad y la salvación. Cuando necesites saber algo o te sientas perdido solo tienes que concentrar toda tu energía en Dios; el te aclarara los pensamientos y los pondrá en orden.
-    Tienes razón, yo era una persona que solo pensaba en lo malo, me arrepiento de eso. Pido perdón por ser lo que fui.
-    Dios ya te ah perdonado todo incluso antes que se lo pidas, ahora solo se feliz.
-    Gracias, muchas gracias por abrirme los ojos del alma y juro hacer lo que nuestro padre preparo para mi.
-    Toma esto, es una imagen de Santa Lucia, ella te protegerá -es la misma que te di-. Ahora me voy y espero verte el día del juicio a mi lado.

   -  Y como por arte de magia el hombre desaprecio.

   -  desapareció?

-  si, y hasta hoy no volví a saber nada de ese hombre. Pero eso no viene al caso. Lo cierto es que hoy estoy aquí para que abrirte los ojos. Dios me trajo hasta ti porque tienes la misma misión que yo.
Estas dispuesta a aceptarla?
Ya estaba todo claro, me lo había explicado y yo entendí, era el momento de decidir. Me quede callada por un momento pensando en las palabras de aquel señor que visito al ciego y las encontraba todas ciertas.
-    Acepto.
-    Eso me hace muy feliz, y ahora es tu turno de ser feliz.
-    Gracias.
-    gracias a ti por permitirme cumplir con mi última misión.
Luego de eso el se levanto y sin despedirse se fue alejando. Yo solo lo veía partir, supe en aquel momento que yo quedaba en su lugar porque tal vez dentro de poco ya no estaría el aquí en la tierra.                     
                                                        Fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario