Cuestionando la vida me desperté hoy, buscando una razón
por la cual echar a andar. Pensé en tantas cosas negativas; como cuanto tiempo
me tomaría arrancar el día, en la pereza que me daba el solo pensar que tendría
que tomar una ducha y luego preparar el desayuno que siempre trato de evitar
aunque mi estomago estuviera pidiéndome comida a gritos.
Mientras hacia lo que mi deber me mandaba, seguía
pensando en que todavía no encontraba una buena razón para empezar con una
sonrisa. Tenia una cierta apatía por la vida que llevo; sin muchas emociones,
inventando mis propios problemas.
Por fin había salido de casa, rumbo a la realidad. Debía
empezar a ver gente, saludar, ignorar las reglas de transito para llegar
temprano y no tener que dar explicaciones, uff!! Ya no tenía ninguna excusa
valida y no se me ocurría nada.
Casi llegando, me cruce con un ciego; cosa que no
note, casi lo
arrollo y con toda la rabia de no poder cambiar mi
vida, guardada, lista para estallar en cualquier momento, frene con la intención
de reprocharle cuantas cosas se me ocurran, pero al darme cuenta de su estado;
sentí pena y sin ninguna lógica salieron palabras de mi que no me explico hasta
ahora el porque si yo no las había pensado.
- Disculpe, suba
señor, si me lo permite lo llevo a donde quiera.
Muy sorprendida por lo que acababa de decir.
- Y donde
vamos -contesto sereno-.
- A donde
usted diga, ya me enseñará el camino.
Mas confundida que nunca por mi forma de responder,
solo hablaba, escuchaba mis palabras, sin tener ningún control sobre ellas.
- ya, entiendo.
Asintiendo con la cabeza como aceptando una orden, subió
en el lugar del acompañante y con una tímida sonrisa susurro algo que sonó
como, es ella.
No se que estaba pasando; era como si estuviere en un
trance, de pronto todo de lo que me preocupaba al despertar dejo de importar.
De hecho lo que había pasado de mi historia parecía pertenecer a otra persona.
De un instante a otro estaba conduciendo sin rumbo,
con un ciego desconocido a mi lado por el cual había dejado mis deberes, mi
vida de lado y por increíble que parezca me sentía bien haciéndolo, esperando
tal vez ayudarlo de alguna manera o tal vez estaba intentando ayudarme a mi de
una forma poco común. Como lo ayudo -me pregunte-, si el sabe cuidarse solo
incluso mucho mas que yo, quizás sabe mucho mas del mundo real que yo.
- Vamos al sur, salgamos de la ciudad;
dijo rompiendo el silencio que por un buen rato se mantuvo.
Sin hacer ningún gesto ni emitir
siquiera un sonido obedecí; pareciera lograr hipnotizarme con su voz tan calma
llena paz. Me repetía una y otra vez que hacia ahí; creí volverme loca o podía
ser que algún ente se estuviera apoderando de mí, no hilaba mis pensamientos,
estaba desorientada pero tan tranquila a la vez, era como si la presencia de
ese hombre del cual no sabía su nombre me inspiraba confianza.
-
Es aquí! -Exclamo de una
forma rara-.
Parecía haberse distraído y vuelto en si
justo en el momento adecuado.
Pare a un lado del camino; espere
recibir nuevas indicaciones, aparentemente indiferente pero con la curiosidad a
flor de piel, deseando saber que vendría después.
- Que ves? –pregunto el-.
- Dos masas de tierra, cubiertas por hierba
divididas por un camino que aparentemente no termina. -Y si, eso era lo que yo
veía-.
Una sonrisa burlona afloro en sus
labios.
-que mas?
-
También veo el cielo, un
poco nublado por cierto.
-
Cierra los ojos. –Ordeno-.
Estaba atrapada por sus palabras y no me
quedaba más que obedecer; ya había entrado al juego, -pensé-.
-
Y ahora que?
Pregunte con un tono tosco por no lograr
descifrar lo que el hombre pretendía.
-
Bajaremos del vehiculo, tu
primero.
-
Como bajo si tengo los ojos
cerrados?
Empecé
a creer que fue un error terrible haberlo invitado y ya buscaba la forma de
escapar, pero me daba pena dejar a un invidente solo, en el medio de la nada.
Que podía hacerme, no veía.
No necesitas tus ojos para bajar. -Secamente pronunciado-.
-
Esta bien.
-
Ahora presta atención y dime
que escuchas y que sientes.
-
Escucho un vehiculo
acercándose.
-
Grande o pequeño?
-
Como quiere que lo sepa.
Tratando de darle a entender que ya me
fastidiaba con intentar que yo adivine cosas.
-
Concéntrate y dime, tú
puedes saber lo que necesitas si pones tu energía en eso.
Hizo caso omiso a mis intenciones de
hacerlo callar. Me di cuenta que trataba de mostrarme algo, pero todavía no era
lo suficientemente despierta para entender que era.
-
Bastante grande como para
trasportar grandes cantidades de algo.
Mentí; no sabia de que tamaño era;
estaba muy lejos y apenas podía oírlo, y en esa situación realmente no me
importaba. El lo noto enseguida pero siguió hablando.
-
Y que más has notado niña,
recuerda, pon toda tu energía y descubrirás muchas mas cosas de las que puedes
ver.
Me quede callada; solo oía sonidos que
no tenían relevancia según mi criterio. Pero de un instante a otro; como por
arte de magia; de pronto algo cambio dentro mío, empecé a escuchar y
diferenciar los sonidos que se convertían en dulces melodías que me ofrecían
los pájaros a lo lejos, las hojas meciéndose al compás del viento; al que también
podía sentir resbalar por mi rostro, dándome una caricia que ya era mía y la
estaba guardando para dármela en ese momento para erizarme la piel.
Me estaba dejando llevar por las
palabras del hombre, creí entender cual era el punto; aprender a escuchar.
-
Le cuento lo que estoy
escuchando?
-
No, solo guárdalo para ti
niña, guárdalo y recuérdalo siempre.
-
Esta bien.
Contenta por que ya entendí lo que el
ciego me estaba mostrando.
-
Vamos, todavía tengo cosas
que hablar contigo, llévanos a la ciudad, tomemos un café y ahí te lo explico.
Acepte y en el camino no tenia confusión
alguna, tampoco nada estaba claro. No pensaba en nada, simplemente miraba
fijamente el asfalto. Unos 20 minutos después de tanta calme llegamos a un
lugar donde servían café, no de los mejores pero café en fin.
-
Llegamos, bajemos y cuénteme
lo que tenga que contarme.
Haciéndole saber con mi tono que estaba
deseosa de escuchar el resto y saber a donde el quería llegar. Estaba muy intrigada
por lo que tenía que decir; segura de que ya sabia que era, aunque algo en mi
interior me retaba a seguir con el que
hasta entonces yo creía un juego.
-
paciencia niña, que tenemos
toda la vida.
Toda la vida? A que se refería? Acaso me
tendría mucho mas tiempo sin decirme nada, o solo fue un comentario distraído.
No, so seria un comentario distraído, este hombre no me ha dicho nada que no
tenga significado, además, porque hablar de la vida como si fuese eterna; creo
bastante absurda esa frase. Nadie sabe cuando va a morir, y si ahora mismo me
diera un paro cardiaco y me fuera sin saber el resto de la historia?
No se a que se refería y preferí dejarlo
así, me imaginaba que el hombre tenia todavía mucho por agregar, porque
agobiarlo con preguntas estupidas.
Cuando nos sentamos el volteo hacia el
mesero haciéndole una seña, pareciera que lo estaba mirando.
-
traiga dos cafés por favor.
-
Como supo donde estaba el
mozo? –sorprendida-.
-
Es muy fácil, lo escuche
responder a una orden después de que nos sentáramos.
-
Pero no es el único que
hablaba en ese momento, como supo que era el.
-
Ya te lo dije niña, todo
esta en saber enfocar tu energía. Puedo saber eso y muchas otras cosas, como
que aquel hombre de allá, el que tiene zapatos elegantes esta muy cansado y
seguramente pedirá algo que lo refresque como una gaseosa bien fría, porque es
horario de trabajo y de seguro no se le permite ingerir alcohol en ese tiempo.
Efectivamente, el hombre se veía cansado
y para más sorpresa había ordenado una soda bien fría.
-
como lo supo. –insistí-.
-
Por el ruido que hacen sus
zapatos al caminar, por el ritmo de sus pasos y por su respiración agitada.
-
No entiendo como lo hace, yo
ni siquiera me di cuenta de que ahí había alguien.
Si no fuera por el ciego ese hombre no
existiría para mí.
-
Ya aprenderás, te lo
aseguro. -Muy confiado-.
Espere que siguiera hablando del motivo
de tanto misterio, pero el estaba callado sin ninguna expresión en particular
en el rostro. Mientras bebíamos el café todo seguía igual, era como si de
pronto yo no estuviese ahí para el.
Unos minutos mas tarde saco algo del
bolsillo de su pantalón y me lo entrego; era una imagen de Santa Lucia. La reconocí
enseguida; cuando era niña mi abuela me decía que ella protegía a los
invidentes y a todas las personas que no podían ver, yo le contestaba que ser
invidente y no ver son la misma cosa. Ella solo sonreía, hasta que un día me
explico que no solo los ciegos no ven, sino que hay personas que aunque tengan
la mejor vista se niegan a ver lo que Dios les ofrece.
Aquella aclaración me sirvió durante
toda mi vida, muchas veces la olvidaba pero en los peores momentos ella siempre
me lo repetía: - hija, no seas ciega, hay mucho mas allá de lo que tu ves.
Como lo pude olvidar, será que ya hacia
mucho tiempo que no visitaba a la abuela o simplemente ya no le daba
importancia a lo que de niña aprendí.
-
Toma, te la regalo. Estuvo
conmigo en los peores momentos y ahora es tuya, cuídala.
-
La cuidare, no se preocupe.
Pero dígame, de que momentos habla.
Pensé que no contestaría, pero yo ya no
podía seguir esperando; las ganas de saber lo que guardaba en sus palabras me
tenían totalmente intrigada.
Por fin se decidió a aclarar mis dudas y
empezó diciendo:
-
Tuve una infancia feliz,
hice lo que todo niño podía hacer. Me despertaba temprano para ver el amanecer
desde una pequeña ventana que daba al sur, desde ella se podía ver toda la
ciudad porque la casa donde vivía estaba ubicada en las afueras de la ciudad,
en un lugar muy alto. Luego de saludar al sol, tenia la manía de despertar a
mis padres con un beso en sus mejillas. Papa solía quejarse de que era muy
temprano, yo nunca hice caso a sus reclamos.
Durante la mañana ayudaba a mama en lo
que necesitara; era muy pequeño pero ella siempre encontraba en que yo podía
servir. En las tardes papa llegaba del trabajo y me llevaba a pasear, dependían
de la temporada los planes. Hacer volar pandorgas, jugar fútbol, ir de pesca y
cosas así, si llovía nos quedábamos en casa viendo televisión o dibujando; cosa
que me encantaba hacer.
Yo solo escuchaba.
-
Un día, cerca de navidad,
estábamos explotando bombas con papa. De repente una de ellas exploto en mis
manos; cerca de la cara; por un momento no sentí nada mas que susto, pero luego
me di cuenta de lo que había pasado. Mis manos y mi rostro estaban húmedos, yo
no podía ver nada y olía una mezcla de pólvora con algo que no podía reconocer.
Después de un rato no sentí nada de nuevo.
Al amanecer desperté. Estaba asustado
porque no podía abrir los ojos y pregunte porque; estaba seguro de que debía
haber alguna explicación lógica y que todo estaría bien enseguida, después de
todo, exploto una bomba en mis manos y cera del rostro; me dolían mucho.
Cuando levante las manos para sentir mi
rostro alguien me dijo, -están vendados. Era mi mama llorando, lo note por su
voz. Empecé a sentir miedo otra vez, mama estaba llorando; eso no era una buena
señal.
El medico vino esa mañana a ver mi
estado y converso conmigo.
-
Como te sientes?
-
Asustado y con mucho dolor.
-
Aquí estoy yo para hacer que
el dolor físico desaparezca, pero el miedo lo debes superar tu solo. No hay
nada que no puedas superar si te lo propones hijo, descansa, y trata de
tranquilizarte. Vengo mas tarde, mientras la enfermera te pondrá un calmante.
Cuando el salio, escuche que mama
hablaba con alguien mientras me acariciaba
la frente. Luego de unos minutos me quede dormido.
Así pasaron los días y luego de dos
semanas por fin llego el día de deshacerme de esas vendas. El doctor estuvo
temprano y luego de saludar ordeno que todos salgan, mama se resistió y el la
dejo quedarse, pero aclaro que debía permanecer alejada.
- te las voy a sacar, cuéntame que ves.
Mientras me las sacaba pedí que mama
estuviera a mi lado, era a la primera persona que quería ver, ya extrañaba
mucho mirarla.
De repente sentí como se abrían mis
ojos, pero para mi gran sorpresa seguía viendo oscuridad.
-
doctor no veo nada!
El solo se quedo callado. En un segundo
se desato un llanto, era mama, reclamar que alguien le explique lo que estaba
pasando. Yo estaba tan asustado que apenas podía respirar.
Y ahí estaba, un niño de diez años,
ciego. El medico dijo que tal vez habría
alguna solución; estaba tratando de sostener la situación. No podía, era tan
desesperante que nada era capaz de calmar los ánimos. Yo sabía que eso era
definitivo, lo sentía.
Luego de muchos tratamientos e intentos
fallidos para que volviera a ver nos dimos por vencidos y empezamos a
aceptarlo. Era obligatorio, no quedaba que otra más que aprender a vivir con
eso.
Al principio todo era muy difícil; no
estaba acostumbrado a vivir sin lo que hasta entonces no sabia que era tan
importante, mi vista. Los días de fútbol y de pandorgas quedaron atrás, estaba muy
ocupado en memorizar la casa para no chocar con nada, en entender eso del
braille, era una experiencia tan absorbente que empecé a madurar mas rápido de
lo que debería a mi edad.
Llego un momento en que la depresión me consumía;
estaba ciego!!! No es algo que les pase a todos, porque tenía que pasarme a mí?
Me entristecía tanto su historia que pensé
por un momento en pedirle que pare, no quería llorar y mis lágrimas ya se
estaban asomando. Seguí callada a pesar de eso, después de todo, era su
historia y tal vez le haría bien descargarse un poco. El seguía sin alguna
pausa.
-
Ya había aprendido todo lo
que era necesario; como vivir estando ciego. Pero tantas cosas ni sospechaba
que existían y la verdad no me importaban, la autocompasión se me metió hasta los
huesos y no respondía de mí cuando alguien trataba de hacerme ‘ver’ las cosas
por el lado bueno.
Entenderé si te confunde lo que estoy
diciendo, ya sabia vivir como invidente, que mas necesitaba saber, tu lo sabes?
– pregunto-.
-
No. –conteste- como saberlo,
nunca estuve ciega.
-
Eran las cosas buenas de la
vida; no las mismas que cuando veía, no los colores ni las pandorgas, eran
muchas otras cosas.
-
Cuales? – pregunte
desconcertada, para mi su vida estaba destinada a depender de los demás, eso no
era vida, era muy frustrante.
-
Sigo con mi historia, al
final de ella lo entenderás todo.
-
Escucho.
-
Paso el tiempo y yo me volví
una persona antisocial, no salía, comía, hablaba ni mucho menos reía o cantaba.
Todo estaba mal en mi vida.
Un día, llego un extraño y pregunto por mí.
Que quería? Un ciego no le serviría de nada y yo no quería hablar con nadie así
que le pedí a mama que lo despachara, estaba muy ocupado planeando como hacer
para desaparecer del mundo y así solucionar de una vez todos mis problemas.
El hombre insistió tanto en verme que
mama lo trajo hasta donde estaba. Me dio tanta rabia que les dije muchas
barbaridades a ellos y decidí salir de ahí, pero cuando me levante no me
percate de la silla que mama había colocado para que ese hombre se sentara y tropecé
con ella, caí al piso y eso me puso más nervioso todavía.
El me tomo del brazo y me dijo que solo
quería conversar conmigo, le respondí alterado que no me gustaba la compasión
de nadie y que por favor me dejara en paz. No sabía que quería aquel hombre y
no tenía el mínimo interés de saberlo.
Salí al patio y el me siguió, mientras
yo solo trataba de huir de el.
- que es lo que quiere.-le pregunte-.
-
Vengo a hacerte una
propuesta.
-
Yo no estoy para propuesta
alguna señor, puede marcharse, busque a alguien que si lo quiera escuchar.
-
No, yo quiero hacértela a
ti, hagamos un trato, si en diez minutos no logro que te intereses en lo que
tengo que decir me iré y no volverás a saber de mi.
-
Esta bien, diez minutos, ni
un segundo más.
-
Vine para saber si crees en
Dios.
-
Dios? Jaja.. ese mismo que
me dejo así? Ciego? Si. Creo en el y también creo que es una perdida de tiempo
esta conversación.-estaba tan irritado y además ese hombre fue a hablarme de
Dios, ese que me había dado todo y en un descuido me lo había sacado. No me
importaba ese Dios-.
-
Escucha, mi propuesta es que
lo aceptes como tuyo.
-
De que iglesia viene, de una
reclutadora de indigentes?, no se da cuenta que no me va a convencer de nada?,
váyase.
-
No vengo de ninguna iglesia,
solo soy una persona como todas y no tengo religión alguna.
-
No tiene religión?, entonces
por que me habla de Dios?.
-
Porque el me trajo hasta ti.
-
Ah… el es taxista también?-pregunte
con tono de burla-
-
El es taxista, carnicero,
heladero, ladrón, músico, político y todo lo que te puedas imaginar, el esta en
todas las personas y todas las cosas. Sabes porque estas aquí?
-
No, y no quiero saberlo.
-
Te lo voy a decir,-continuaba
como si yo estuviera escuchando lo que decía y a mi no me importaba nada de lo
que salía de el- el te dio una misión grande, y tu tienes que cumplirla.
-
Una misión? Si apenas puedo
valerme de mi mismo, no estoy para ninguna tarea y menos una que Dios me
imponga.-estaba totalmente a la defensiva-.
-
Si, estas aquí para algo, yo
no puedo decirte con exactitud que es, pero puedo ayudarte a encontrar ese algo.
-
Gracias, pero no estoy
interesado.
-
Pues tendrá que interesarte,
estas demasiado ciego y eso no es lo que el espera de ti.
-
Demasiado ciego?, esta loco?
Estoy totalmente ciego y como si fuera poco viene usted a restregármelo en la
cara?
-
Estas ciego físicamente,
pero lo peor de todo es que también tu alma esta ciega. Dios te llama y tu no
lo oyes, de hecho no oyes nada.
-
No, no quiero escucharlo a
el ni a nadie y menos a usted.
-
Has escuchado al amanecer?
-
Al amanecer no se le escucha,
mas al viento y algunos pájaros cantando si, lastimosamente antes podía verlo,
pero ahora no tiene sentido para mi, nada tiene sentido, ni el amanecer, ni el
anochecer, nada.
-
No tiene sentido para ti
porque cierras tu corazón.
-
Mas que mi corazón, están
cerrados mis ojos y no fui yo quien los cerro, fue ese maldito accidente de
hace cinco años.
-
Te has puesto a pensar a
donde puedes llegar?
-
Si, y siempre llego a la
conclusión de que no voy a ningún lado.
-
Te equivocas. Tu estas hecho
de lo mismo que estamos hechos todos, incluyendo a las personas, a los perros,
flores y hasta el agua. Dios nos creo a todos por alguna razón y no solo para
estar por que si. El agua cumple muchas funciones, los vegetales también, los
animales lo mismo. Por que nosotros entonces no tendríamos una función si somos
los que tenemos la capacidad de pensar y decidir por nosotros mismos?
Y es
esa misma capacidad la que muchas veces nos juega en contra, porque no la
utilizamos con el buen fin; la malgastamos por ser egoístas y solo pensamos en
sentirnos bien a cualquier precio.
- a
cualquier precio?- estaba empezando a interesarme-.
- Si, a cualquier precio. O tu nunca le echaste
la culpa a los demás
por
tus desgracias?.
-
Tal vez.
-
Por que culpar a otros de lo
que nos pasa?, si nosotros somos dueños de nuestro destino, nadie vive tu vida
mas que tu, nadie piensa igual que tu, has decidido vivir de la forma en que
estas viviendo.
-
Yo no elegí ser ciego.
-
Esa es una prueba de Dios, y
todavía tienes mucho tiempo para superarla. No esperes a que se te haga tarde.
Si logras abrir tu alma te sorprenderás de todo lo lindo que te has perdido a
lo largo de estos cinco años.
-
La belleza ya no la puedo
ver.
-
Pero puedes sentirla, solo
basta que te lo propongas y confíes.
-
Confíe en que?
-
En Dios. El esta siempre a
tu lado y no te abandona aunque tu no lo quieras.
-
Yo no lo siento así.
-
Dime, una cosa que te gusta
desde que perdiste la vista.
-
Dormir.
-
Y que sientes mientras
duermes.
-
Nada, solo duermo.
-
Y algo que no te gusta.
-
Todo.
-
Todo?, el amor de tu madre,
el desayuno, el abrigo que traes puesto, tu hogar, nada de eso te gusta?
-
Esas cosas si me gustan,
pero son cosas que ya las tenía antes de estar así.
-
Y las sigues teniendo. Por
que?
-
Por que que?
-
Por que las tienes?
-
Porque las tengo que tener
supongo.- no sabia que contestar-.
-
Nadie tiene nada porque
aparecen así nomás.
-
Cierto, madre tengo porque a
ella no le queda de otra, y las demás cosas por lo mismo.
-
Ella es tu madre porque
quiso serlo, no te conocía; no sabía a quien traía al mundo y menos lo que iba
a pasarte durante tu vida, ella solo te quiso. Ella sabia que iba a sufrir
cuando nacieras, sabia que criarte no seria fácil, pero crees que eso le impidió
amarte?
-
No, yo se que me ama.
-
Y porque estas seguro de
eso.
-
Porque siempre esta cuidándome,
aunque yo no este dispuesto a retribuirle nada.
-
Te das cuenta lo seguro que
estas de eso?
-
Si.- estaba seguro y pensé
en lo mal agradecido que fui con ella-.
-
Por que no estar seguro
entonces del amor que te tiene Dios. El te creo, también a tu madre, padre,
vecinos, tíos, a todos lo que puedas llegar a conocer. Si bien es cierto que el
no de un chasquido hace que aparezcan las cosas; el lo creo todo y fue tan
genio que también creo el tiempo, que es muy importante ya que através de el
pasaron muchas cosas, todo evoluciono y hoy somos un ejemplo de eso.
-
Esta bien, si yo aceptara
que el me ama, entonces por que me hizo esto, por que me quito la vista.
-
Para que tengas fe, cree en
el y veras.
-
Me cuesta creer en algo que
no veo y dada mi situación no creo en nada que no haya visto. Desde hace cinco
años no confío en nada nuevo.
-
Si enfocas tu energía podrás
ver con los oídos, con la nariz, con las manos, con la piel. Solo basta que lo
desees y sentirás alegría de nuevo. El vive dentro tuyo desde hace mucho.
-
No diga cosas sin sentido
por favor.- ya había perdido la noción del tiempo tratando de asimilar lo que
aquel hombre decía-.
-
Notaste que el día esta
soleado y que dentro de unas horas estará nublado y lloverá?
-
No, como saberlo.
-
Simple, siente al calor y el
viento, huele la humedad, escucha a las ranas cantando; son indicadores muy
importantes. Tú no lo sabes, pero yo también estoy ciego.
-
Ciego?!!- no lo sabía,
estaba hablando con alguien igual a mí y yo lo depreciaba-.
-
Si, y agradezco a Dios todos
los días por haberme permitido ser ciego, por ese hermoso regalo.
-
Como puede decir eso, no es
bueno estar ciego.
-
Si yo no fuese ciego no sabría
oír, no entendería la vida porque mi vista estaría interfiriendo con mi forma
de ver. Muchas veces pensaba en que sabia todo lo que era necesario con solo
mirar; no estaba dando ni el primer paso hacia el conocimiento. Mirar es muy
distinto a observar; cuando miras identificas formas y tamaños, cuando observas
vas mas lejos que eso; te detienes en cada detalle hasta entender y conocer.
Ten muy en cuenta que tú puedes observar y eso es mucho mejor que solo mirar.
-
Creo que estoy entendiendo.-
el tenia razón, yo podía saber muchas cosas si me concentraba, el problema era
que no deseaba hacerlo-.
-
Por en practica tu fe, y
ayuda a las demás personas a que lo hagan.
-
Como?
-
Muéstrales lo hermosa que
puede ser la vida, tu tienes el don de hacerlo. Dios te ah elegido como
instrumento y si aceptas serlo el te guiara. Te mostrara la forma de abrir los
ojos del alma de las personas que teniendo todas las facultades pueden ser mas
ciegas que nosotros, mas sordas que tu cuando yo llegue, mas tristes que tu
madre cuando tu le gritas.
Muéstrales
que la vida vale la pena vivirla y que todo tiene un motivo, pero que ese
motivo solo lo sabe Dios y hazles saber que nada es imposible, porque tú lo
entendiste y lo vivirás cada momento de tu vida a partir de hoy.
-
tienes razón, estoy así
porque quiero estarlo, yo elijo estar bien o mal.
-
Dios nos da todo a partir
del primer segundo de vida, e incluso antes. Por que no estar agradecidos y vivir
con y por el si hace lo mismo por nosotros, incluso mas; el envió a su hijo a
morir por nuestros pecados y liberarnos así de ellos.
-
Como no pude entender esto
antes.
-
No lo entendías por que te escondías
tras un escudo temiendo que te lastimen, pero no te dabas cuenta que eras tu
quien se hacia el mayor daño; aceptaste la oscuridad como tu casa y eso solo
era un apagón para que puedas conocer después la belleza y la grandeza del amor
de nuestro padre. Eras egoísta y querías culpar a los demás por lo miserable
que te sentías, cuando bien podías salir y aceptar que Dios te dio todo para
ser feliz y gritarle eso al mundo. A partir de ahora tu vida empieza, aprovéchala
y no escatimes en amor, da todo el amor que puedas porque ese es el secreto de
la felicidad y la salvación. Cuando necesites saber algo o te sientas perdido
solo tienes que concentrar toda tu energía en Dios; el te aclarara los
pensamientos y los pondrá en orden.
-
Tienes razón, yo era una
persona que solo pensaba en lo malo, me arrepiento de eso. Pido perdón por ser
lo que fui.
-
Dios ya te ah perdonado todo
incluso antes que se lo pidas, ahora solo se feliz.
-
Gracias, muchas gracias por
abrirme los ojos del alma y juro hacer lo que nuestro padre preparo para mi.
-
Toma esto, es una imagen de
Santa Lucia, ella te protegerá -es la misma que te di-. Ahora me voy y espero
verte el día del juicio a mi lado.
- Y como por arte de magia el hombre desaprecio.
- desapareció?
- si, y hasta hoy no volví a saber nada de ese
hombre. Pero eso no viene al caso. Lo cierto es que hoy estoy aquí para que
abrirte los ojos. Dios me trajo hasta ti porque tienes la misma misión que yo.
Estas
dispuesta a aceptarla?
Ya
estaba todo claro, me lo había explicado y yo entendí, era el momento de
decidir. Me quede callada por un momento pensando en las palabras de aquel
señor que visito al ciego y las encontraba todas ciertas.
-
Acepto.
-
Eso me hace muy feliz, y ahora
es tu turno de ser feliz.
-
Gracias.
-
gracias a ti por permitirme
cumplir con mi última misión.
Luego
de eso el se levanto y sin despedirse se fue alejando. Yo solo lo veía partir,
supe en aquel momento que yo quedaba en su lugar porque tal vez dentro de poco
ya no estaría el aquí en la tierra.
Fin.

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