Acabo de
comprender lo que debí aprender hace tiempo, aquí, ahora bajo este farol de
hierro que alumbra tenuemente dejando ver mi sombra en la noche fría.
Entre
tanto las plantas marchitas por el invierno reciben cenizas de un cigarrillo
que da libertad en su humo a mi imaginación.
Ésta va
volando recordando un atardecer donde creyó sentir ángeles escondidos entre nubes
protegiendo mi camino y descargando un haz de luz me guiaron ante una puerta.
Al pasar
del otro lado sentí alivio, como si desconociera todo dolor, hambre o
cansancio.
Mientras
me preparaba para salir a explorar un poco más sentí una gota de lluvia que
corrió por mi rostro arrancándome en un suspiro ese paraíso al que me aferré
con uñas y dientes para así dejar bien
en claro que sólo era un sueño.
Fue ese
el instante que marco como negligente y salvaje a la realidad al arrasar con su
naturaleza sin piedad mi visión de una vida mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario